Una forma distinta de habitar la tierra
Tradición, calma y hospitalidad en el corazón de la Sierra Norte de Granada
Cuevas de Kabila nace de una forma sencilla de entender el descanso: volver a la calma, respetar el entorno y recuperar la tradición de habitar la tierra desde dentro.
Estamos en Benalúa, a pocos minutos de Guadix y en pleno entorno del Geoparque de Granada, rodeados de cuevas, cerros y paisajes semidesérticos que la luz transforma a lo largo del día. En los días claros, la vista alcanza hasta Sierra Nevada, que en temporada deja ver la nieve en el horizonte.
Cada estancia está pensada para desconectar, descansar bajo la tierra y disfrutar del silencio, la tranquilidad y el paisaje que rodea las cuevas.
Ritmo lento
Aquí el día no tiene que estar lleno de planes. Desayunar sin prisa, escuchar el silencio, mirar cómo cambia la luz sobre el paisaje y dejar que el descanso marque el ritmo.
Lo que nos guía
Recuperar una arquitectura con raíz
Las cuevas conservan la esencia de la arquitectura excavada en la tierra y la reinterpretan desde una mirada actual: espacios orgánicos, materiales naturales, cerámica y piezas artesanas que conectan con la tradición del lugar.
Trato cercano
Te recibimos nosotros, sin intermediarios, y estamos cerca para ayudarte antes y durante tu estancia. Compartimos recomendaciones reales de la zona para que puedas vivir el entorno con calma y sentirte bien acompañado.
La visión detrás de Kabila
Donde otros vieron antiguas cuevas, Carlos Moreno vio una forma distinta de entender el descanso.
Para Carlos, Kabila no empezó como un simple proyecto turístico. Nació de una necesidad personal: parar, dormir mejor y recuperar una forma de descanso más real.
Al descubrir las cuevas de Benalúa, entendió que allí había algo especial: la temperatura natural de la tierra, el silencio de los espacios excavados y una manera de estar más tranquila, más ligada al entorno. Cuevas con más de 150 años de historia que pedían una nueva vida, sin perder aquello que las hacía únicas.
Su visión fue clara desde el principio: actualizar la experiencia de dormir en una cueva al siglo XXI, respetando su arquitectura original y la tradición de habitar la tierra. Mantener la arcilla, la madera, la cerámica y los materiales naturales como parte de una estética sencilla, serena y conectada con el paisaje.
Más que transformar las cuevas, Carlos quiso acompañar lo que ya estaba allí: la calma, la protección de la tierra, la relación con el entorno y esa sensación de refugio que forma parte de la historia del altiplano granadino.
Kabila es, en ese sentido, mucho más que un lugar donde dormir. Es una invitación a bajar el ritmo, volver a lo esencial y descubrir que el descanso también puede tener raíces.